PANORAMA SEMANAL: Diego Maradona, réquiem

ChacoHoy - 29/11/2020

 

El destino quiso que Diego Armando Maradona muriera ante quienes habían sido testigos su máximo esplender. Mayoritariamente el pueblo lo expresó. No solamente en la Argentina, algo que podría considerarse normal. En todo el planeta. Su estrella se iluminó para siempre y se lo recordó por lo que hizo en los campos de fútbol, aunque muchos se empeñaron en facturarle los excesos que, bien pudieron haberle costado ahora la vida.

Todos los deportes y todos los deportistas, le rindieron homenaje, salvo el seleccionado de rugby de Los Pumas. El clima que había generado el seleccionado ante los poderosos All Blacks hace 15 días se derrumbó primero por haber ignorado el ex capital del Seleccionado de Fúbtol que explícitamente apoyó a Los Pumas en sus preparativos para el Mundial de Japón en 2019.

“A Los Pumas los banco a muerte” dijo entonces Maradona. En la madrugada del sábado, si embargo el reconocimiento fue del combinado de Nueva Zelanda hacía el ídolo mundial que había pasado a la inmortalidad.

La sensación que quedó flotando entonces fue que la élite prefiere ignorar a los ídolos populares. Los mismos que se indignaron porque el 10 fue velado en la Casa Rosada y René Favaloro no. Mucha carga de faccionamiento político acompañó las exequias.

Obviamente una mayoría descomunal lo despidió con tristeza y agradecimiento, otra con indiferencia, entre ellos aquellos que no lo conocieron. Que no lo vieron jugar, que recuerdan de él aquello en que los medios de comunicación masivos intentaron transformarlo después de su suspensión en el Mundial de Estados Unidos 1994.

Una pequeña porción prefirió prenderse de eso, de sus adicciones, de su vida tormentosa de gossip-press, acompañando ese faccionamiento disparado por la repulsa que causó en los dueños de esa construcción haber tenido que soportar a un Dios del Olimpo que nunca traicionó a sus bases.

Es posible que aquella muestra de mala educación del equipo nacional de rugby represente cabalmente el sentimiento de aquellos que a los que le resulte indiferente que muera, pero los trastorna que haya millones de personas en el mundo que lo recuerden con afecto.

Diego Maradona llegó a la cima como ninguna otra persona lo hizo. Y allá arriba probablemente se haya mareado, tanto como para equivocar su camino, pero nunca tanto para no reconocerse a sí mismo como el pibe que salió de la villa de Fiorito.

Quizás por eso, aun desde las comodidades que los millones que le reportó el fútbol Maradona no abandonó las causas populares, no se cansó de denunciar a los poderosos, Havelange, Blatter, el Papa Juan Pablo II, Menem, cuando tuvo que hacerlo, y claro, Mauricio Macri, como presidente de Boca y como presidente de los argentinos.

Quiso también el destino que Macri se hubiera jactado días antes de haber echado a Maradona de Boca Juniors y que ahora la nueva conducción del club que amó el 10 ofreciera su estadio para velarlo.

Por interpretar lo que Diego era para los argentinos el presidente Alberto Fernández ofreció la Casa Rosada para su última despedida. Los que se resisten a comprender dónde está mayoría, quieren achacarle al Gobierno la incapacidad para anticipar el desbande que ocurrió cuando cientos de personas cayeron en la cuenta de que no iban a tener tiempo para la despedida personal.

Otros, que aplaudieron las marchas anticuarentena, ahora desean fervientemente que la multitud que concurrió al velorio aporte un salto en el registro de casos de coronavirus. Es posible que ocurra, pero todo sirve para entender quién es quién y qué quiere cada uno.

Maradona es pueblo, aunque su estrella lo haya sacado de vivir las privacidades que seguramente pasaría si no hubiera tenido la habilidad futbolera que demostró en las canchas. Tal vez eso no le sea perdonado.

Deberíamos comprender entonces que el pueblo no busca a un ser perfecto para seguir. Busca a quien le dé alegría y esperanza, aunque no tenga todas las respuestas.